¿Cómo ahuyentaríamos al miedo
si no existieran piedras?
¿Cómo lanzarles sillas
si también sienten miedo?
¿Hemos de sacarnos los ojos y aventárselos?
¿Y si se los ponen en las cuencas y no nos reconoce?
¡Cómo encomendar el alma
si huyó despavorida de nosotros!...

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